La realidad permanece olvidada en el pasado, pero durante siglos la problemática orografía puso en jaque el tráfico naviero de la ría de Bilbao con la temida barra de Portugalete, una trampa de arena dónde naufragaban los barcos mercantes. La reacción de la población llegó finalmente con la Revolución Industrial local dominando a los elementos. Fruto de ese tiempo nació el Puente Bizkaia, un adelantado de la época, el Guggenheim del Siglo XIX. Desde entonces permanece erguido como un auténtico arco del triunfo de la revolución industrial.
Los notables del momento en la provincia, comerciantes, navieros, industriales, mineros y banqueros, se conjuraron para preservar el progreso que experimentaba la ría, uno de los puertos fluviales con más tráfico naviero de toda Europa. El ingeniero Evaristo Churruca eliminó los obstáculos de la entrada canalizando el cauce y edificando un conjunto de diques de contención contra los bancos de arena. Hasta entonces el tráfico naviero se mantenía por la pericia marinera de los habitantes del Puerto Viejo de Algorta, cuyos botes a remo guiaban a los barcos por las vías de entrada más seguras.
Solucionado el acceso a la ría quedaba pendiente la comunicación en la desembocadura de ambas márgenes interrumpida por el paso incesante de barcos. Cada año medio millón de pasajeros superaba la distancia entre Portugalete y Las Arenas en barcos a remo. El arquitecto portugalujo Alberto Palacio, autor del Palacio de Cristal del Retiro madrileño, asumió el reto de unir a las dos poblaciones con un diseño arquitectónico singular, un puente transbordador, una quimera esbozada más de 20 años antes en un proyecto similar en Brooklin.
Su trabajo fusionaba dos grandes innovaciones tecnológicas del Siglo XIX, la ingeniería de puentes colgados de cables y la técnica de grandes vehículos mecánicos accionados con máquinas de vapor. La figura del puente transbordador se proyectó en hierro, auténtico símbolo del progreso de la época, el material de construcción de máquinas, barcos, ferrocarriles, y de los más esbeltos y audaces obras de Europa y América, como la Torre Eiffel.
Palacio se decantó por una estructura basada en dos vigas horizontales que soportarían los carriles, apoyadas sobre cuatro pilares o torres asentadas en los muelles de ambas márgenes. Su figura tomó cuerpo mediante los 400.000 remaches y sus cuatro torres de 51 metros de altura, que soportan el tablero de 160 metros de longitud, que se alza a 45 metros de altura. Esta estructura por la que circula el carro que sujeta la barquilla se mantiene desde entonces original en su mayor parte.
El arquitecto completó su trabajo con avanzados planes que vieron la luz un siglo después: La instalación de ascensores panorámicos en sus pilares y el paso peatonal por la pasarela central. El domingo 12 de mayo podéis ser partícipes de este prodigio y descubrir la impresionante panorámica de la ría desde el puente. #TriporgExperience os brinda la oportunidad de realizar este apasionante viaje por la historia. ¡Vente al #PuenteDeEmociones!
















